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De repente en un día normal 

  Se trataba de un día normal y corriente, un viernes por la noche de Noviembre de 1998. Impulsados por la sed y las ganas de pasarlo bien, siete intrépidos jóvenes salieron de su casa por separado con destino el mismo bar, de cuyo nombre no me da la gana de acordarme. Se trataba de Ladis el del Empalagoso el que canta, Crisan el de Calzoneras, Ángel el de la ferretería de Pánfilo, Antonio “Picón” el hijo del guardia, Pablo el de Cotillo el carnicero, Antonio Menchero el de brazoslargos el maestro  y José Carlos el de Benito el de la Caja. Allí coincidieron por obra del destino estos siete amiguetes que decidieron (gran decisión aquella) pedir un ronda de cañas. En ese instante ninguno de ellos podía imaginar que iba a pasar después ( bueno, José Carlos sí que lo sabe casi todo).

   Los siete valientes muchachos salieron de aquel bar, una vez terminado su cometido allí, para dar un pequeño paseo y dirigirse a otro bar (y así sucesivamente). Pero en ese momento a la vuelta de la esquina algo sorprendente ocurrió. La calle, totalmente vacía, era sobrevolada por una gran nave enorme con forma similar a un barril de cerveza. Los chicos quedaron fascinados cuando se les pasó por la cabeza toda la cerveza que podría haber en su interior. Así que en un acto de valentía se aproximaron  a ella para admirarla mejor. Sobre los siete hermosos muchachos se abrió una pequeña ventana de la que salió una intensa luz amarilla que vino hacia ellos y fueron abducidos.

 

Algo que cambió sus vidas

 

   Una vez allí dentro el miedo no se apoderó en ningún momento de ellos. Su idea era clara: estaban inaugurando lo último en bares y seguro que los iban a invitar.

-Pos aquí tienen que poner buenas tapas –dijo Menchero.

-Sí, pero no hay donde sentarse –le replicó Crisan.

   Detrás de una cortina de tiras de plástico marrones claras y oscuras alternativamente que estaba a la derecha, se distinguía una misteriosa sombra que se aproximaba con paso lento. Una cabeza asoma, después el resto del cuerpo. Delante de ellos se mostraba un señor mayor un poco givado, con pinta de borracho, medio calvo (era ese hombre que baila solo en el Callejón los sábados a las 5 de la mañana con tanta gracia). Se acerca a los héroes. Desprende un embriagador olor a vino y al estar a unos metros cae al suelo de boca. Las risas son inevitables, pero los apuestos muchachos educados como Dios manda le prestan su ayuda.

-Casi coge usted la liebre – Dice Ángel.

-¿Se ha hecho daño? Yo creo que ha sio penalti – dice José Carlos.

   La imagen de los dos chicos levantando al viejo, más enternecedora que el último capítulo de Marco, se torna gris cuando éste grita: sos vais a cachondeal de vuestro padre ¡cago’n tó!

-Pos mira éste ¿nos vas a poner unas cañas o qué? – pregunta Ladis.

   El viejo se pone en pie y con gesto serio comienza a hablar:

-No tengáis tanta prisa. Tengo que contaros algo muy importante: muchachos habéis sio selecionaos por la Liga Universal del Kalimotxo (en adelante LUK) para ser nuestros representantes en el planeta Tierra. De verdad pensamos que tenéis cualidades para poder cumplir la misión: sos gusta muchismo el kalimotxo y el cachondeo. Hay que apoderarse del planeta para por fin dominar to el Universo.

-Joder que chorrá –dice Pablo- se mete éste malas hinchás de ver Bola de Dragón.

-SILENCIO –grita el viejo borracho y resuena en toda la nave.

-Que acojone –dice Picón.

-Deberíais sentiros privilegiaos. La oferta que os hago es irrechazable, tendréis to el kalimotxo que queráis y seréis los reyes del mundo.

-Queremos unas camisetas de publicidad también. –dice Picón.

-¡Vale! Vuestra misión consiste en convertir a tos los habitantes del Mundo en nuestra raza: kalimotxeros. Personas que adoran el kalimotxo y también la cerveza, que santifican las fiestas y aman al prójimo.

-Bueno está bien ¿no? –dice Ángel.

-Espera a ver si le podemos sacar algo más -dice José Carlos –queremos que nos pagues una comida... ¡caldereta! Y la hago yo.

-Si sólo pedís eso lo tendréis. Pero ojo como haces la caldereta. –dice el misterioso viejo. -El nombre de la brigada del LUK en la Tierra será Cubo-Libre y vuestro emblema un cubo cargado de kalimotxo. Y ahora tenemos que hacer el ritual que os convertirá en superkalimotxeros del espacio y que sos transformará en seres de nuestra raza para que podáis llevar a cabo la misión sin que dudéis y sos dará poder para atrapar y convertir a vuestras víctimas.

-¿qué coño un ritual? ¿eso de qué va? –dice Pablo.

-Ahora voy a convertir vuestra sangre en kalimotxo y permaneceréis así pa to vuestra vida, aunque podáis llevar una vida normal.

-¡ah bueno!

-Por favor Mari Loli traete la pócima de la conversión.

   Tras la cortina de tiras de plástico marrones claras y oscuras alternativamente que estaba a la derecha aparece una mujer preciosa de enormes y redondeados pechos con un escueto traje negro que enseña más que tapa y con una máscara en la cara. Trae con ella un enorme cubo sobre una mesa con ruedas. Llega hasta nosotros deja la mesa y se marcha sin decir nada.

-Dejar de mirar a mi novia salíos –dice el misterioso anciano al que todos empezamos a admirar en ese momento.

   El cubo que había traído aquel ángel estaba cargado de hielo y un líquido rojo oscuro que enseguida supimos reconocer.

-¿Eso es la pócima? Si eso es kalimotxo. –dice Ladis.

-Exacto pero no es un kalimotxo cualquiera. Este lo hago yo y está mu rico. Y además tiene un ingrediente zecreto que sos convertirá en superkalimotxeros del espacio. –El viejo coge un paquete de pajitas que había sobre la mesa y nos reparte una a cada uno.

-Repetir conmigo: “Seguiremos chupando de la pajita (repetimos) hasta que se vea el fondo y el hielo no se derrita” –Nosotros repetimos sus palabras emocionados. –Y ahora lo dicho, acabar con él y seris siete más de los nuestros.

   Los siete inteligentes muchachos se inclinaron sobre el cubo, metieron las pajitas y empezaron a mamar como si les pagaran por ello. Aquel kalimotxo sabía muy bien y acabaron en seguida con él.

-Siento algo raro –dice Menchero.

-¿vomitera? –dice Crisan.

-No, me siento más fuerte, con más ganas de beber y de irme de cachondeo.

-Yo también.

-y yo. -Fueron repitiendo todos.

-To ha salío bien. Ahora sos dejaré en el parque y os daré dos regalos. –El viejo hurga en su bolsillo y saca un pequeño frasco. –Este es el ingrediente zecreto del kalimotxo que sirve para convertir a los humanos en superkalimotxeros del espacio. Sos lo doy pa que lo usis con responsabilidad y agrandis el grupo y esto otro es vuestro cubo que debis  venerar y amar, y por supuesto, beber kalimotxo en él. Cada vez que lo hagáis yo estaré presente en vuestras mentes y podréis hablar conmigo.

-Gracias y tranquilo cumpliremos nuestro cometido. –dice José Carlos.

-Si me necesitáis ya sabis donde encontrarme.

 

Y después de todo una misión que cumplir

 

   Se despidieron y los bajó junto al burger Yogui sin que a nadie le llamará  la atención.

-Que fuerte ¿no? –dice Picón.

-Sí. Voy a convertir a María en uno más de los nuestros. –dice Menchero

-Vale y yo se lo voy a decir a mi vecina Ana. –dice Ladis.

   Así comenzó todo e irían llegando poco a poco más miembros al grupo, y empezaron a conquistar el mundo.

Y los efectos se notaron pronto en las proximidades, cuando poco después de aquello y fruto del indesvelable trabajo del grupo se empezaron a comercializar por Bolaños pequeños cubos de kalimotxo por todos los bares y pubs (empezando por el Refugio de  Mou, de cuya mente tuvieron que apoderarse una noche mientras dormía) mostrando sin saberlo todos los que lo hacían que estaban mostrando su obediencia y apoyo al régimen de los kalimotxeros.

   María José, Isabel, Marta, Mari Paz, Juani, Pili, María Jesús... vinieron a darle un toque femenino a la cuadrilla. Y seguirían llegando Jesu, Feli, Nacho... especial la llegada de éste: como no bebe alcohol hubo que hacer cambios en su ritual y en lugar de hacerlo con kalimotxo lo hicieron con salobreña. Ahora es este líquido el que corre por sus venas, algo que le distingue del resto de sus compañeros. Elvira, Miriam, Yolanda, Plani, Gema, Alicia, Ana Baos, Raúl, María... y no olvidar a otros que aunque no llegaron al grado de superkalimotxeros del espacio colaboraron para que este grupo impusiese su poder en una cita tan importante como el concurso de peñas. Especial atención a Juan Antonio, un designado divino que reparte el vino a ostias entre las masas. Y poco a poco iban llegando a todos los rincones y así se incorporó un representante asiático (el maestro Jee) para que vaya infundiendo esta religión por el continente más poblado.

   Mientras aquel cubo, el original y poderoso, sigue guardado y ya medio oxidado por su uso en el solar de Pablo, contemplando desde allí su gloria y su historia.